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INVIERNO Jorge Vicén  Centro Cultural el Matadero Inauguración 13 Febrero 2015

 

  Existe un cierto malentendido respecto del arte asociado a lo primitivista, o a lo outsider, según el cual el espectador se abstiene de participar subjetivamente, y se contenta con contemplar la excepcional ilegibilidad de unas obras producto de las insondables pulsiones del autor. No deberíamos caer en el malentendido ante los cuadros de Jorge Vicén, denodados esfuerzos del artista por explicársenos. La infancia, la Naturaleza, la espiritualidad y el tormento aparecen sobre el lienzo, la tabla o el papel con la cariñosa vehemencia y naturalidad con que se suscita un tema de conversación en una sobremesa.

Vicén está en constante lucha con la exterioridad del mundo, todo gesto suyo sobre el lienzo es defensivo y agresivo como el de quien frena frente a si al otro con las palmas de las manos y los brazos extendidos; para reconocerlo, para establecer la distancia táctil desde la que comunicarse. No obstante, con ese rítmico palpar el lienzo, al igual que con el repiqueteo de un pájaro carpintero, surgen formas sintéticas fácilmente agenciables por el espectador. A veces son esquemas de árboles. Otras son personajes y objetos fantasmagóricos azotados por torbellinos de intensidad, confusos como en una fiesta patronal aguijoneada por farolillos, vino y confeti. En ocasiones se nos aparece un signo simple, abstracto y luminoso como la visión legendaria de una cruz en el cielo, poderosamente significante, emblemático. Los colores, saturados y aplicados con espátula en trazos nerviosos, provocan irisaciones alucinatorias, dinámicas.

A menudo el trabajo reciente de Jorge Vicén termina en paisajismo, el género pictórico menos individualista. El paisaje se recorre y se habita, se comparte. El paisajista no es otra cosa que un anfitrión que ha desbrozado el sendero para enseñarnos las vistas. Vicén nos ahorra la perspectiva porque estos son paisajes mentales, procesos temporales que el artista ha comprimido; cada cuadro, una simultaneidad.

La obra de Vicén participa al fin y al cabo de esa vocación trascendental que, desde las pinturas de Chauvet a Cézanne, trata de aunar la experiencia de la visión, y la maraña del pensamiento que dicha experiencia aviva. Incluso cuando la visión se produce tras nuestros párpados cerrados, justo en el momento en que, a través del baile de chiribitas en nuestra retina, se van abriendo paso las imágenes de la mente.

Dr.Javier Aquilué Laliena Enero 2014

EN CUARENTENA  www.masdearte.com

Por Noemí Méndez

Durante la pasada edición de Jugada a 3 Bandas y haciendo el tradicional recorrido de la Calle Doctor Fourquet recalé en la muestra que comisariaba un gran amigo, Blinky R. Rodriguez, que no es otro que José Luis Serzo, el artista con el que comenzamos el proyecto editorial de nocapaper.

La muestra me sorprendió al principio, tras un largo recorrido por las propuestas del evento, esta me pareció bastante fresca, quizá un poco desigual, pero maravillosamente hilada y sorprendente. Entre ellos estaba la esencia de este blog con varios artistas, pero me quedé absolutamente rendida al enigma y la magia de Jorge Vicen (Huesca, 1980).

Jorge Vicen o como el comisario de «Psiconautas» citaba en su texto de la muestra en la galería Liebre: «El chamán».

Encontrarme con la pintura de Vicen fue como encontrarme con un estallido en la frente, me produjo una intensa emoción y revisión interna. Potente, cargada de misticismo y una brutal emocionalidad que quedaban trasmutados a una bella y casi inocente imagen colorista que entraña muchísima más verdad que lo que podría aparentar el curioso aire inocente pero desgarrador en algunas de ellas, algo que no sabía definir, su impronta bizarra pero sutil al mismo tiempo, frescura y trazos «rainerianos», totalmente impulsivo pero una intensa minuciosidad al mismo tiempo… en definitiva… un gran misterio.

Las obras de Jorge Vicen son inquietantes, penetrantes, las recuerdas, se quedan en tu mente queriéndote decir algo más, esos ojos vacíos que se te clavan y te cuestionas si el vacío de su interior es el todo, o la nada, o si son lo mismo… macrocosmos y microcosmos humanos, constelaciones infinitas o pensamientos encadenados, ¿son acaso bellos? ¿O son tormentas internas? Las obras del ocense parecen revisar constantemente las inquietudes internas del ser humano, más allá de crear parecen buscar un equilibrio interno difícil de encontrar, como si en cada pintura o dibujo destapase una capa más de sus tormentos internos, pero esos tormentos son tan bellos como la potencia catártica del artista al exponerlos pues quedan plasmados con una fuerza, claridad y belleza llenas de luz, porque su pintura a pesar de estar a veces densificada en materia o saturada de negros desprende una luminosidad de la que el artista parece no ser consciente, y en esa búsqueda de mayor luz interna nos permite recrearnos al resto.

Sus últimas obras han evolucionado en color y factura, más livianas, menos oscuras pero cargadas de imágenes y símbolos que parecen gestarse en el subconsciente de Vicen y nacer en el papel o la tabla como si fuesen señales y guías de las que aprender a hacer una lectura, símbolos e imágenes que parece traducir de un conocimiento místico y superior.

Jorge Vicen o cómo nuestros monstruos internos pueden convertirse en algo poéticamente plástico y bello.

Noemí Méndez

 MUERTE PERSONAL Y REGENERACIÓN CÓSMICA

 

El Homo Sapiens no es inteligente porque posea una razón en virtud de la cual el conocimiento se va desplegando del mismo modo en el que se clasifican los objetos de un museo dentro de vitrinas estancas. El hombre es sabio porque es un Homo Imaginalis, un ser que se ha dejado informar por la imagen del mundo y que, a su vez, y por ello mismo precisamente, imagina el mundo y lo recrea incesantemente a través de imágenes simbólicas. El Homo Symbolicus asumió el proceso de reconocimiento y regeneración del cosmos, quedando constituido de este modo por la autoconsciencia y la creatividad. Este proceso es regido desde sus inicios más remotos por la muerte. La vida humana no aparece como tal hasta que la muerte no rompe el marco de la vida biológica, pues la experiencia de la muerte en vida es la condición de posibilidad tanto de la autoconsciencia de la existencia como de la transformación creativa. El chamán primordial, médico, artista y místico originario, experimentó un descenso a los infiernos en donde fue despedazado y devorado por demonios y animales. Después de padecer los sufrimientos de la locura iniciática retornó, regenerado, con un nuevo conocimiento: la sabiduría de la muerte y la enfermedad. Esta experiencia primigenia de muerte y renacimiento marca la pauta, no sólo de la realidad estructural de las religiones, sino también de la articulación de la cultura y de la propia psique. Si toda la naturaleza, e incluso el cosmos, muere y renace a través de sístoles y diástoles estacionales, el hombre muere y renace múltiples veces a lo largo de su vida. La inmersión desnuda en este proceso del eterno retorno de la muerte y la regeneración es el corazón de la obra de Jorge Vicén, una obra en la que cristaliza sin artificios el diálogo con los sujetos y los elementos simbólicos del Mundus Imaginalis: el loco, el muerto, la virgen, el payaso, la puta, el anciano, el animal, la planta, el fuego o las partículas de luz, las estrellas del firmamento, esas chispas de consciencia llamadas scintillae por los alquimistas que acaban conformando aquí seres estelares e incluso, quien sabe, el alma del mundo o el espíritu de dios. Esta multitud de personas y motivos arquetípicos, que no surgen del conocimiento erudito sino de una actividad creativa descarnadamente sincera, regulan en la pintura de Jorge el movimiento de ciclos infernales y cósmicos, guiando de este modo la eterna transformación de lo inmutable que la propia obra refleja.

Lorenzo Carcavilla Puey

Licenciado en Psicología, Master en Psicoanálisis y Filosofía de la Cultura

Doctorado en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid